América Latina y el Caribe (ALC) se encuentra en una coyuntura histórica, enfrentando desafíos estructurales que limitan su desarrollo económico y social. Desde la CEPAL, hemos resumido estos desafíos en tres trampas del desarrollo: en primer lugar, una trampa de baja capacidad para crecer, en segundo lugar, una de alta desigualdad y baja movilidad social y, en tercer lugar, una de débil capacidad institucional y de gobernanza poco efectiva.
La región ha experimentado una marcada desaceleración en su crecimiento económico. Actualmente, el crecimiento tendencial de ALC es de apenas un 1.6%, cifra muy inferior a la que se observaba en las décadas de los años 50, 60 y 70, cuando el crecimiento superaba el 5% anual. Este magro desempeño en materia de crecimiento se explica en buena medida por una productividad que ha permanecido prácticamente estancada e incluso ha venido decayendo en las últimas décadas.
Mientras que en los años 50 la productividad de ALC equivalía aproximadamente al 40% de la productividad de los Estados Unidos, en 2023 era de tan solo el 25%.
Al mismo tiempo, la región presenta uno de los niveles de desigualdad más altos del mundo. Mientras el 10% de la población concentra alrededor del 55% de la riqueza total, el 40% más pobre accede a solo el 10%. La pobreza, que había experimentado una reducción sostenida desde 1990 hasta 2014, bajando de un 51,2% a un 27,7%, ha mostrado señales de estancamiento en los últimos años e incluso aumentó durante la pandemia de COVID-19. En 2023, la tasa de pobreza alcanzó un nivel apenas inferior al de 2014 (27,3%), representando el nivel más bajo desde que se tienen registros comparables, pero revelando la persistencia de este problema social en la región.
Por su parte, la desconfianza en las instituciones afecta a más del 70% de los ciudadanos, convirtiéndose en una barrera crítica para cualquier esfuerzo de desarrollo. Asimismo, la corrupción en la región erosiona la confianza en las instituciones. Según las encuestas disponibles, el 66% de la población percibe pocos o nulos avances recientes, alimentando la desconfianza hacia el gobierno. Esta situación es particularmente preocupante porque no solo socava la legitimidad de las instituciones y del gobierno, sino que también tiene efectos económicos significativos.
A pesar del panorama sombrío que nos plantean estas tres trampas, desde la CEPAL somos optimistas frente al futuro de la región. Y parte de este optimismo se basa en que vemos la transformación digital, y en particular el surgimiento de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial (IA), como parte de la solución a dichas trampas. Ahora bien, como lo hemos repetido en varias ocasiones, esto si y solo si la región avanza hacia un uso real y efectivo de las tecnologías digitales.
Para abordar la trampa de baja capacidad de crecimiento y productividad, por ejemplo, será clave profundizar los niveles de adopción de tecnologías digitales por parte las empresas de la región. A pesar de los avances en materia de conectividad, muchas empresas en ALC aún no están aprovechando de manera efectiva las tecnologías digitales. Para la muestra, el 96% de las micro y pequeñas empresas de menos de 19 empleados no tienen una presencia activa en la web. Si esto ocurre en una tecnología madura como lo es el internet, nos podemos imaginar las mayores brechas en tecnologías emergentes como lo es la IA. Por ello, para avanzar hacia una real y efectiva utilización de las tecnologías digitales por parte de las empresas, desde CEPAL venimos insistiendo en la necesidad de articular los esfuerzos en materia de transformación digital con las políticas de desarrollo productivo. Esto implica, entre otros, enfocar los esfuerzos de digitalización empresarial sobre las prioridades productivas que definan los países y sus territorios en el marco de estas políticas; escalar los programas de acompañamiento a empresas para facilitar la adopción de tecnologías digitales; y fortalecer la oferta de tecnologías digitales por parte de las empresas digitales de la región, de manera que no nos conformemos con ser simplemente compradores de estas tecnologías a las potencias mundiales en la materia.
En cuanto a la trampa de alta desigualdad y baja cohesión social, la transformación digital puede ser un factor de inclusión, siempre y cuando se implemente de manera equitativa. La región todavía presenta disparidades en el acceso a la tecnología. Por ejemplo, mientras el 15% de los hogares de mayor ingreso no están conectados, esta cifra sube al 50% cuando se trata de hogares de menores ingresos. Por tanto, avanzar en una real y efectiva utilización de las tecnologías digitales para abordar la segunda trampa implicará implementar políticas que promuevan una “conectividad significativa,” que incluya una conexión asequible, segura y de alta calidad, así como competencias digitales suficientes para participar plenamente en la economía digital.
La tercera trampa de débil capacidad institucional y gobernanza ineficaz requiere instituciones fortalecidas y confiables para una transformación digital eficaz. La digitalización de la administración pública y la incorporación de IA en procesos gubernamentales pueden mejorar la transparencia, reducir la corrupción y hacer más eficientes los servicios públicos, desde la salud hasta la educación. Sin embargo, esto demanda una inversión en instituciones con visión estratégica, capacidades de gestión y recursos suficientes para implementar estas tecnologías de forma ética y responsable.
Avanzar en un uso real y efectivo de las tecnologías digitales para abordar estas tres trampas implicará además aprovechar el poder transformador que ya viene demostrándonos la inteligencia artificial. Según estimaciones recientes de la CEPAL, en 2023 la IA contribuyó con aproximadamente 70.747 millones de dólares al PIB de 17 países de la región, lo que representa un 1,11% del producto total. Adicionalmente, se estima que cerca del 44% de la fuerza laboral de ALC podría verse impactada por la IA. Si bien esta tecnología impone enormes desafíos en numerosos frentes, será clave que una porción importante de la discusión pública se concentre en la forma en que aprovecharemos la IA para abordar nuestros principales desafíos de desarrollo.
La cooperación internacional y regional será clave para superar estos desafíos. La protección de datos, la ciberseguridad y la regulación de la IA son áreas que exigen un enfoque concertado y coordinado para que la transformación digital sea inclusiva y segura. Más allá de esto, en un contexto lleno de incertidumbres, el tener un espacio para el intercambio de buenas y malas prácticas se vuelve invaluable. La buena noticia es que ALC cuenta con un gran activo para dicha colaboración regional en materia de transformación digital, también conocido como el eLAC, mecanismo que permite el establecimiento de una Agenda Digital para la región.
Tal como dijimos en el marco de la 9ª Conferencia ministerial de este mecanismo a comienzos de noviembre en Santiago de Chile, justo un año antes de cumplir sus 20 años, el eLAC comienza una nueva etapa. Una nueva etapa en la que privilegiaremos el paso a la acción. Una nueva etapa en la que buscaremos avanzar en proyectos y acciones concretos. Una nueva etapa en la que buscaremos sumar nuevos actores a esta conversación. Una nueva etapa en la que estableceremos indicadores más exigentes en materia de transformación digital. En fin, una nueva etapa en la que buscaremos sacarle mayor provecho a este mecanismo y a sus grupos de trabajo que permite crear, de manera que aceleremos el paso con el que avanzamos hacia una utilización real y efectiva de las tecnologías digitales para superar las trampas de desarrollo que nos aquejan.