El equilibrio del ecosistema digital se vuelve cada vez más desafiante

Aline Calmon de Oliveira y Oscar Petersen
Gerente de Planejamento Regulatório e Vice-presidente Jurídico e Regulatório da Claro Brasil, respectivamente
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Este artículo se ha publicado originalmente en Revista Telecomunicaciones de América Latina. Descárgala gratis aquí

El equilibrio del ecosistema digital se vuelve cada vez más desafiante

Concluida la etapa de la transformación digital en la sociedad moderna, ingresamos ahora en una nueva fase: el denominado período posdigital. Esta etapa está marcada por la expansión de la inteligencia artificial generativa y por experiencias cada vez más personalizadas, en las que la comunicación y la oferta de productos pasan a requerir interacciones únicas para cada usuario.

En la etapa anterior, el avance de la infraestructura y la ampliación del acceso a internet de alta velocidad, incluso en regiones remotas, transformaron profundamente la vida cotidiana. Los servicios digitales se consolidaron y los contenidos audiovisuales comenzaron a llegar a públicos masivos. Sin embargo, ya en ese momento se evidenciaba un desequilibrio en el ecosistema digital: mientras los operadores de telecomunicaciones invertían fuertemente en la expansión y el mantenimiento de las redes, las plataformas digitales estructuraban sus modelos de negocio sobre esa misma infraestructura.

La expansión y modernización de las redes fueron esenciales para hacer posible la transformación digital. Cuanto mayor era la cobertura y la capacidad, más usuarios se conectaban a internet y mayor era el tiempo de uso. Este círculo virtuoso favoreció directamente el crecimiento de las plataformas digitales, que comenzaron a generar importantes ingresos mediante publicidad y tráfico patrocinado. Sin embargo, las inversiones necesarias para construir y actualizar las redes quedaron, y aún continúan, concentradas exclusivamente en las empresas de telecomunicaciones.

Esta asimetría revela un punto crítico: las plataformas se benefician directamente de atributos fundamentales de la infraestructura —como la calidad, la estabilidad, la seguridad y la sostenibilidad— sin compartir proporcionalmente los costos necesarios para garantizarlos. Se trata de un modelo en el que los beneficios se distribuyen ampliamente, mientras que los costos permanecen concentrados.

Existe consenso en que una infraestructura sólida y de amplia cobertura es un elemento esencial para el funcionamiento y el desarrollo de la economía digital, hoy uno de los principales motores de innovación y productividad a nivel global. Aun así, a medida que el acceso a internet se vuelve cada vez más natural e integrado en la vida cotidiana, la necesidad permanente de invertir en conectividad tiende a hacerse menos visible, un fenómeno preocupante frente a las crecientes demandas tecnológicas.

El crecimiento del tráfico y la nueva presión sobre las redes
En los últimos años, algunas grandes plataformas sostuvieron que el crecimiento del tráfico de datos no requeriría cambios estructurales ni nuevas reglas para el uso de la infraestructura. Sin embargo, los datos más recientes indican lo contrario.

La rápida expansión de la inteligencia artificial generativa está transformando significativamente el uso de internet. Actividades que antes se realizaban en sitios web tradicionales migran ahora hacia plataformas basadas en IA, que requieren un procesamiento intensivo en la nube y generan aumentos significativos en el volumen de datos que circulan por las redes.

Los eventos de gran escala ilustran claramente este escenario. La transmisión por streaming de los partidos de la Copa del Mundo, por ejemplo, incrementa significativamente el consumo de datos e impulsa simultáneamente el uso de redes sociales y aplicaciones de mensajería durante los encuentros, haciendo que el tráfico de internet se dispare en Brasil y alcance niveles récord de consumo.

Para garantizar una experiencia satisfactoria para los usuarios, las inversiones y los esfuerzos que los operadores destinan al dimensionamiento y la preparación de sus redes son muy elevados.

En este contexto, destacan las plataformas con mayor concentración de tráfico: aquellas más utilizadas, más rentables y que se benefician directamente de esta infraestructura. Sin embargo, estas empresas tienden a evitar el debate sobre los riesgos del actual desequilibrio y sus consecuencias para el futuro del ecosistema digital.

Un riesgo creciente para la sostenibilidad del sector
La solidez de las redes actuales puede transmitir una sensación de estabilidad, pero esa percepción puede resultar engañosa. Atribuir exclusivamente a los operadores la responsabilidad de sostener el crecimiento continuo del tráfico, manteniendo altos niveles de calidad, seguridad y estabilidad, representa un riesgo estructural para todo el ecosistema.

Ignorar este desafío no lo elimina. Por el contrario, aumenta su complejidad y eleva los riesgos asociados a la sostenibilidad de la infraestructura digital.

La necesidad de una evolución regulatoria
Frente a este escenario, resulta evidente la existencia de una falla de mercado que requiere atención regulatoria. A pesar de la relevancia del tema, aún son limitados los avances en iniciativas de cooperación o acuerdos que promuevan un mayor equilibrio entre los distintos actores del ecosistema digital.

En Brasil, el debate sobre las obligaciones de los usuarios de red continúa en análisis en el ámbito de la Anatel. El tema forma parte de la agenda regulatoria de la agencia desde 2023 y ya ha pasado por etapas de consulta pública y elaboración del Análisis de Impacto Regulatorio (AIR). Se espera que el proceso avance sobre la base de información sólida y derive en medidas que promuevan una conectividad de calidad, garantizando al mismo tiempo un mayor equilibrio del mercado.

En este contexto, resulta fundamental incorporar al debate a los grandes usuarios industriales de las redes, entendidos como aquellas empresas cuyo volumen de tráfico puede representar una parte significativa del total cursado, para que asuman responsabilidades acordes con su impacto sobre el sistema. La sostenibilidad económica de las redes depende, en gran medida, de esa corresponsabilidad.

La cooperación como camino ideal
Si bien la regulación constituye un instrumento importante, la cooperación voluntaria entre los distintos actores del ecosistema sería la solución más eficiente y beneficiosa para todas las partes. La alineación de intereses puede hacer posible un modelo más equilibrado, sostenible y resiliente.
Mientras ese escenario no se concrete, seguirá siendo esencial mantener el diálogo con las autoridades y los responsables del diseño de políticas públicas, con el objetivo de construir soluciones que garanticen la continuidad de la expansión de la conectividad y la sostenibilidad del ecosistema digital en su conjunto.

 

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Versão em português

O equilíbrio do ecossistema digital torna-se cada vez mais desafiador

Encerrada a fase da transformação digital na sociedade moderna, ingressamos agora em um novo estágio, o chamado período pós-digital. Essa fase é marcada pela disseminação da inteligência artificial generativa e por experiências cada vez mais personalizadas, em que a comunicação e a oferta de produtos passam a exigir interações únicas para cada usuário.

Na etapa anterior, o avanço da infraestrutura e a ampliação do acesso à internet em alta velocidade, inclusive em regiões remotas, transformaram profundamente o cotidiano. Serviços digitais se consolidaram e conteúdos audiovisuais passaram a alcançar públicos amplos. No entanto, já naquele momento se evidenciava um desequilíbrio no ecossistema digital: enquanto as prestadoras de telecomunicações investiam fortemente na expansão e manutenção das redes, plataformas digitais estruturavam seus modelos de negócio sobre essa mesma infraestrutura.

A expansão e a modernização das redes foram essenciais para viabilizar a transformação digital. Quanto maior a cobertura e a capacidade, mais usuários eram conectados à internet e maior era o tempo de uso. Esse ciclo virtuoso favoreceu diretamente o crescimento das plataformas digitais, que passaram a gerar receitas expressivas por meio de publicidade e tráfego patrocinado. Entretanto, os investimentos necessários à construção e atualização das redes ficaram, e ainda continuam, concentrados exclusivamente nas empresas de telecomunicações.

Essa assimetria revela um ponto crítico: as plataformas se beneficiam diretamente de atributos fundamentais da infraestrutura — como qualidade, estabilidade, segurança e sustentabilidade — sem compartilhar proporcionalmente os custos necessários para garanti-los. Trata-se de um modelo em que os benefícios são amplamente distribuídos, enquanto os custos permanecem concentrados.

Há consenso de que uma infraestrutura robusta e abrangente é elemento essencial para o funcionamento e desenvolvimento da economia digital, hoje um dos principais motores de inovação e produtividade global. Ainda assim, na medida em que o acesso à internet se torna cada vez mais natural e integrado à vida cotidiana, a necessidade contínua de investimentos em conectividade tende a se tornar menos visível — um fenômeno preocupante diante das crescentes demandas tecnológicas.

O crescimento do tráfego e a nova pressão sobre as redes

Nos últimos anos, algumas grandes plataformas sustentaram que o crescimento do tráfego de dados não demandaria mudanças estruturais ou novas regras de uso da infraestrutura. No entanto, os dados mais recentes indicam o contrário.

A rápida disseminação da inteligência artificial generativa tem transformado significativamente o uso da internet. Atividades antes realizadas em sites tradicionais migraram para plataformas baseadas em IA, que exigem processamento intensivo em nuvem e geram aumentos expressivos no volume de dados trafegados.

Eventos de grande escala ilustram esse cenário. A transmissão dos jogos da Copa do Mundo em streaming, por exemplo, eleva significativamente o consumo de dados e impulsionam simultaneamente o uso de redes sociais e aplicativos de mensagens durante as partidas, fazendo o tráfego da internet disparar no Brasil, alcançando níveis recordes de consumo da internet.

Para garantir que as experiências sejam positivas aos usuários, os investimentos e empenho dedicados pelas prestadoras no dimensionamento e preparo de suas redes são bastante elevados.

Nesse contexto, destacam-se as plataformas com alta concentração de tráfego, aquelas mais acessadas, mais rentáveis e que se beneficiam diretamente dessa infraestrutura. Ainda assim, essas empresas tendem a evitar o debate sobre os riscos do atual desequilíbrio e seus impactos para o futuro do ecossistema digital.

Um risco crescente para a sustentabilidade do setor

A robustez das redes atuais pode transmitir a impressão de estabilidade, mas essa percepção pode ser enganosa. Atribuir exclusivamente às operadoras a responsabilidade por sustentar o crescimento contínuo do tráfego, mantendo elevado os níveis de qualidade, segurança e estabilidade, representa um risco estrutural para todo o ecossistema.

Ignorar esse desafio não o elimina. Pelo contrário, amplia sua complexidade e eleva os riscos associados à sustentabilidade da infraestrutura digital.

A necessidade de evolução regulatória

Diante desse cenário, torna-se evidente a existência de uma falha de mercado que exige atenção regulatória. Apesar da relevância do tema, ainda são limitados os avanços em iniciativas de cooperação ou acordos que promovam maior equilíbrio entre os atores do ecossistema digital.

No Brasil, a discussão sobre os deveres dos usuários de rede segue em análise no âmbito da Anatel. O tema integra a agenda regulatória da agência desde 2023 e já passou por etapas de consulta e elaboração de Análise de Impacto Regulatório (AIR). A expectativa é que o processo avance com base em informações robustas e resulte em medidas que promovam a conectividade com qualidade, garantindo também maior equilíbrio de mercado.

Nesse contexto, torna-se fundamental incluir no debate os grandes usuários industriais das redes, tidos como as empresas cujo volume de tráfego pode representar parcela significativa do total cursado, para que assumam responsabilidades compatíveis com seu impacto no sistema. A sustentabilidade econômica das redes depende, em grande medida, dessa corresponsabilidade.

Cooperação como caminho ideal

Embora a regulação seja um instrumento relevante, a cooperação voluntária entre os agentes do ecossistema seria a solução mais eficiente e benéfica para todas as partes. O alinhamento de interesses pode viabilizar um modelo mais equilibrado, sustentável e resiliente.

Enquanto esse cenário não se concretiza, permanece essencial o diálogo com autoridades e formuladores de políticas públicas, com o objetivo de construir soluções que garantam a continuidade da expansão da conectividade e a sustentabilidade do ecossistema digital como um todo.