América Latina ante su Gran Prueba Digital

Karim Lesina
Vicepresidente Ejecutivo de Asuntos Corporativos y Relaciones Institucionales, Millicom
Este artículo se ha publicado originalmente en Revista Telecomunicaciones de América Latina. Descárgala gratis aquí

América Latina ante su Gran Prueba Digital

América Latina entra en una década decisiva. La revolución digital y la expansión acelerada de la inteligencia artificial están reconfigurando la economía mundial, creando nuevas oportunidades, pero también profundos desafíos para los países que no cuenten con la infraestructura adecuada. Y en el centro de esa transformación hay un actor cuya fortaleza financiera y capacidad de inversión determinará si la región avanza o queda rezagada: las telecomunicaciones.

En una industria marcada por inversiones millonarias, márgenes presionados y regulaciones cada vez más exigentes, la escala y la solidez financiera ya no son ventajas competitivas: son condiciones de supervivencia. A ello se suma un elemento disruptivo: la competencia creciente de nuevos actores tecnológicos —OTTs, plataformas globales, servicios satelitales de órbita baja y empresas Big Tech— que operan con enormes capacidades de capital y modelos de negocio globales, muy difíciles de igualar para operadores regionales fragmentados.

La ecuación es clara: sin operadores fuertes, con visión de largo plazo y capacidad de inversión sostenida, la región no podrá construir la infraestructura esencial para su futuro digital.

Consolidación: una necesidad estructural, no una moda
Durante años se habló de consolidación en América Latina como una posibilidad. Hoy es una urgencia. La fragmentación del mercado, sumada a una competencia feroz en precios, la aparición de alternativas tecnológicas avanzadas y una regulación que no siempre acompaña, ha limitado la capacidad de inversión de muchos operadores medianos y pequeños.

Por eso, movimientos recientes no son simples operaciones corporativas, sino pasos dentro de una estrategia mayor: crear operadores regionales capaces de sostener inversiones multimillonarias y competir en un entorno cada vez más dominado por gigantes globales.

Millicom, que en los últimos dos años ha fortalecido sus márgenes, simplificado su estructura y consolidado más de 46 millones de clientes, encarna ese nuevo modelo: compañías con músculo financiero, visión estratégica y compromiso con el desarrollo digital de largo plazo.

Un entorno competitivo radicalmente distinto
Hasta hace algunos años, los operadores móviles y fijos competían entre sí. Hoy compiten también contra actores con bolsillos infinitos:

• OTTs globales que concentran la mayor parte del tráfico.
• Sistemas satelitales de nueva generación, impulsados por corporaciones con acceso prácticamente ilimitado a capital privado.
• Plataformas digital-first, cuyo modelo de operación global hace que no estén alcanzadas por regulaciones locales, a diferencia de los operadores que sí deben cumplir normas estrictas en cada país.

Estos nuevos jugadores aportan innovación, sí, pero también imponen una presión asimétrica sobre los operadores tradicionales, que siguen siendo quienes financian y mantienen la infraestructura sobre la cual funciona el ecosistema digital. La respuesta a esta nueva dinámica no puede ser aumentar la regulación, sino avanzar hacia procesos de desregulación inteligente que permitan equilibrar el terreno competitivo.

Si las plataformas globales, los servicios satelitales y las soluciones digital-first operan sin restricciones locales por la naturaleza de su modelo de negocio, entonces los mercados tradicionales tampoco pueden seguir sujetos a marcos rígidos diseñados para otra era tecnológica. El camino no es regular más, sino desregular donde sea necesario para que todos compitan bajo condiciones más equivalentes.

Frente a este escenario, solo operadores financieramente robustos y con un entorno regulatorio moderno podrán sostener el ritmo de inversión que la región necesita para seguir siendo relevante en la economía digital.

El centro de todo: mejores servicios para los ciudadanos
El debate no debe quedar atrapado en balances y fusiones. La pregunta clave es otra:
se traducirá todo esto en mejores servicios para los usuarios? La respuesta es inequívoca: sí. Operadores más fuertes significan:

• Conectividad más rápida, más estable y más accesible, incluso en zonas remotas.
• Redes preparadas para tecnologías emergentes, desde la IA hasta el IoT masivo.
• Mayor resiliencia frente a ciberamenazas.
• Servicios digitales avanzados, esenciales para educación, salud, comercio y productividad.
• Eficiencias que permiten planes más sostenibles y competitivos.

Una región con operadores sólidos es una región con ciudadanos mejor conectados.

Infraestructura digital como política pública
No es casual que organismos multilaterales —como la OCDE, el BID o la GSMA— subrayen que la conectividad es un pilar del desarrollo económico. Según GSMA, el ecosistema móvil aportó USD 550.000 millones al PIB regional en 2024, equivalente al 8 % de la economía, y generó más de 2 millones de empleos.

La inversión en infraestructura digital es una inversión en productividad, inclusión y crecimiento sostenible. Pero para atraer esos capitales, la región necesita marcos regulatorios modernos, neutrales y predecibles, que reconozcan que la conectividad es un bien estratégico y que la competencia real hoy incluye a gigantes globales con capacidades financieras descomunales.

La llegada de la inteligencia artificial
La pregunta ya no es si la IA transformará la región, sino si la infraestructura será capaz de soportarla. Centros de datos, fibra óptica, 5G, edge computing, cables submarinos, ciberseguridad avanzada: cada uno de estos elementos requiere inversiones constantes y crecientes.

Sin operadores sólidos, América Latina corre el riesgo de quedarse en la periferia tecnológica: consumiendo innovación, pero sin capacidad para generarla. El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad.

La oportunidad de una generación
América Latina puede cerrar su brecha digital, impulsar un crecimiento más inclusivo y conectarse verdaderamente con la economía global. Para lograrlo, necesita operadores fuertes, con escala regional, capaces de invertir frente a un escenario competitivo donde los nuevos actores — OTTs, satélites, Big Tech — cuentan con recursos financieros colosales.

La región está ante una encrucijada. O apuesta por operadores robustos y marcos regulatorios que incentiven la inversión, o se resigna a quedar rezagada. Este es el momento de decidir qué lugar quiere ocupar América Latina en la nueva economía digital.