Por un ecosistema tecnológico más justo, innovador y femenino

Esta Columna fue publicada en el número de marzo de 2019 en la Revista ‘Telecomunicaciones de América Latina’, realizada con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Descarga la revista completa aquí.

La innovación, nos recuerda el escritor Walter Isaacson, florece allí donde conviven y se rozan saberes diversos. Sus biografías de Einstein, Steve Jobs o Da Vinci son un ejemplo de la riqueza que nace del diálogo entre perspectivas y visiones diferentes. De la uniformidad no surge, por lo general, nada nuevo: tan solo se repite y perpetúa lo que ya conocíamos.

La diversidad de perspectivas no es ya, como pudo serlo en el pasado, una prerrogativa de determinadas élites cosmopolitas o un lujo que algunos sectores o instituciones pueden concederse. En un mundo cada vez más interconectado, la capacidad de entrar en contacto e integrar lo diverso es un imperativo social a todos los niveles. Una sociedad incapaz de hacer convivir las diversidades, sean estas “de origen”, “adquiridas” o “cognitivas”, es una sociedad inhumana y condenada a la irrelevancia.

Nuestro contexto social y económico es ya un contexto diverso, globalizado y tecnológico. Estudios recientes como el Informe de la Sociedad Digital en España realizado por Fundación Telefónica y la editorial Ariel muestran la presencia cada vez mayor de lo digital en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. Lo hace también la Unión Europea cuando asegura que en 2021 el 45% de los trabajos estarán vinculados a lo digital. América Latina, donde la penetración de la tecnología es cada vez mayor, no es una excepción.

En este sentido, el papel de las mujeres en el ámbito tecnológico destaca como uno de los retos más importantes a los que se enfrenta nuestra sociedad y, muy especialmente, nuestros sistemas educativos y nuestra cultura empresarial.

La brecha de género digital es todavía un problema en España, América Latina y a nivel global. En Iberoamérica, solo el 25% de los profesionales que trabajan en el ámbito de las tecnologías de la información son mujeres, y no más del 16% ocupan puestos de alta dirección en las empresas. Desgraciadamente, esos datos no mejoran excesivamente en otras partes del globo.

Me parece importante subrayar a este respecto que la brecha digital entre hombres y mujeres no debe referirse ya fundamentalmente al “uso” de la tecnología (donde los datos muestran una disminución en la desigualdad), sino a la brecha “en las habilidades y herramientas digitales (digital skills y eSkills) que determinan el uso efectivo de la tecnología”1. Es en el desarrollo de habilidades digitales medias y superiores donde la brecha se acentúa, dibujando un mapa en el que la ausencia de talento femenino debería preocuparnos a todos. La falta de presencia de mujeres en el ámbito tecnológico constituye no sólo una injusticia -cuando las barreras de entrada son más altas que las que tiene que afrontar los hombres-, sino una pobreza a largo plazo, pues se priva al diseño de lo tecnológico de la contribución de la enriquecedora perspectiva femenina. ¿Realmente queremos un futuro en el que lo tecnológico tenga solo rostro masculino? ¿Tiene sentido, en un mundo donde los usuarios de la tecnología son tanto hombres como mujeres, que el diseño de ésta sea un asunto casi exclusivamente masculino?

La batalla por la igualdad y la justicia comienza, como siempre, por la educación.

Los datos en España muestran que mujeres y hombres se reparten las plazas del Bachillerato de Ciencias y Tecnológico casi por igual. Según datos del Ministerio de Educación, en el curso 2015-2016 aproximadamente un 54% de los alumnos eran chicos y un 46% chicas. El dato -similar en muchos países de América Latina y otras partes del planeta-, sin embargo, oculta lo que el acceso a la etapa universitaria terminará mostrando, a saber, la tendencia de las chicas a terminar eligiendo carreras biosanitarias, en lugar de estudios más directamente relacionados con la tecnología. ¿Por qué el final del bachillerato sigue siendo un precipicio al que caen, frustrándose para siempre, tantas potenciales vocaciones tecnológicas femeninas? Las razones son muchas, pero considero especialmente relevante la falta de información e iniciativas que ayuden a mostrar la tecnología como un campo propicio para el florecimiento femenino. Con demasiada frecuencia los estudios tecnológicos (especialmente los relacionados con la ingeniería) se asocian a roles e incentivos masculinos, haciendo así mucho más difícil que se encienda la chispa del interés en las niñas.

Son necesarias iniciativas públicas y privadas que muestren la tecnología como lo que realmente es: un instrumento llamado a acercar a las personas y al que la visión femenina tiene mucho que aportar. En este sentido, me parecen esenciales las iniciativas destinadas a fomentar la inclusión de mujeres en las carreras de STEM. Aunque todos los esfuerzos son pocos, me siento especialmente orgullosa de algunos ejemplos con los que Telefónica está intentando favorecer un ecosistema más inclusivo, como son el programa “Girls Inspire Tech”, en el que se refuerza la pasión por la tecnología entre las hijas de nuestros empleados; “Mujer e ingeniería”, a través de la cual los directivos de Telefónica asesoran a estudiantes universitarios de ingeniería; o “STEM Talent Girl”, un proyecto dirigido a inspirar y desarrollar el talento de las estudiantes de secundaria en áreas técnicas.

Cuando miramos el mundo de las empresas el panorama no resulta todavía demasiado alentador. La mayoría de los indicadores coinciden en subrayar un retroceso en la presencia de mujeres profesionales en el ámbito TIC. El informe Gender, Technology, and the Future of Work recientemente publicado por el Fondo Monetario Internacional2 alerta acerca del mayor riesgo que afrontarán las mujeres a causa de la transformación tecnológica: en su análisis de 30 países de la OCDE estima que alrededor de 25 millones de empleos tradicionalmente femeninos corren el riesgo de verse suplantados por la automatización.

Por otro lado, las injusticias retributivas y la discriminación siguen siendo, por desgracia, una tónica en muchas empresas del sector tecnológico.

En Telefónica, con el fin de convertirnos en una organización cada vez más diversa, en 2016 se creó un Consejo de Diversidad como órgano asesor de la compañía para temas de diversidad e inclusión. Su objetivo es, fundamentalmente, promover iniciativas dirigidas a consolidar la diversidad como una palanca clave hacia una transformación digital inclusiva en la que nadie se quede atrás. Conscientes de nuestra responsabilidad, el Consejo de Diversidad ha situado la igualdad de género como dimensión prioritaria de la estrategia en Telefónica. El 37.6% de nuestra fuerza laboral y el 21.5% de nuestros gerentes son ya mujeres. Aunque la tendencia es positiva, tenemos un largo camino por recorrer y para ello nos hemos fijado objetivos claros: alcanzar el 30% de las mujeres en puestos directivos para el año 2020.

En este sentido, considero un paso de gran importancia que muchos gobiernos y organizaciones intergubernamentales de América Latina estén trabajando por situar la cuestión digital y en especial, la de las mujeres en el ámbito de las TIC en lo más alto de sus agendas. Los esfuerzos de instituciones como SEGIB, CEPAL, BID o CAF apuntan en la dirección correcta. Un claro ejemplo de ello fue la reciente Cumbre Iberoamericana, celebrada en La Antigua (Guatemala) los días 14 y 15 de noviembre de 2018. Fue para mí un placer participar en la mesa redonda “Hacia una Agenda Iberoamericana para la economía digital” enmarcada en el XII Encuentro Empresarial Iberoamericano, un evento paralelo a la Cumbre, organizado por el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB). Como subrayó en esa ocasión refiriéndose a América Latina Pablo Bello, presidente de ASIET, “para lograr el salto hacia la Digitalización se requiere liderazgo, cooperación Público-privada, y una regulación adecuada”. Nada puede ayudar a solucionar estos grandes retos más que una cultura que promueva, facilite y reconozca el papel de las mujeres en la tecnología. No en vano, el lema de ONU Mujeres para el día de la mujer de este año (“Piensa con igualdad, construye con inteligencia, innova para el cambio”) vincula la innovación a la igualdad entre hombres y mujeres. No existe solución justa e innovadora al reto que la tecnología plantea a nuestra sociedad que no sea inclusiva, y que no sea, de alguna manera, femenina.