Ciberseguridad, confianza y el dilema de las telecomunicaciones

Giuseppe Marrara
Senior Director Public Policy – Latin America, Cisco
Este artículo se ha publicado originalmente en Revista Telecomunicaciones de América Latina. Descárgala gratis aquí

Ciberseguridad, confianza y el dilema de las telecomunicaciones

América Latina vive un momento de dicotomía digital. Por un lado, la región es uno de los consumidores más voraces de internet y redes sociales del mundo, con una adopción acelerada de fintechs y servicios de gobierno digital. Por otro lado, las infraestructuras que sustentan esta revolución —las redes de los operadores de telecomunicaciones— se han convertido en el principal objetivo de ciberataques cada vez más sofisticados.

En este escenario, la ciberseguridad deja de ser un resultado deseable para convertirse en el pilar central de la estabilidad económica y social. Sin embargo, para los operadores, esto presenta una brutal paradoja financiera: la necesidad de inversiones masivas en protección contra un estancamiento en la rentabilidad financiera. El panorama de la ciberseguridad en la región presenta contornos económicos adversos. La transición de las redes tradicionales al 5G y la masificación del Internet de las Cosas (IoT) han expandido exponencialmente la superficie de ataque. Antes, proteger una red significaba proteger el perímetro. Hoy, con millones de dispositivos conectados, el perímetro ha desaparecido. En América Latina, donde la transformación digital a menudo ocurre sin el desarrollo de una cultura de seguridad por parte de los usuarios, los riesgos se amplifican.

Por lo tanto, la vulnerabilidad de las redes de telecomunicaciones no es solo un problema corporativo, sino una crisis de confianza pública. Los ataques se han vuelto exponencialmente más sofisticados con el desarrollo tecnológico. Desde ataques como el intercambio de SIM (clonación de chips) y la interceptación de SMS, que socavan la seguridad de la autenticación de dos factores, exponiendo cuentas bancarias y datos personales, hasta la seguridad de empresas y corporaciones, la red del operador es la vía por la que circulan datos y secretos industriales. La interceptación de datos o los ataques de denegación de servicio (DDoS) resultan en pérdidas millonarias y en la pérdida de productividad. Además, la creciente automatización de los servicios de infraestructura crítica exige aún más de las redes de datos. Un ataque exitoso a la infraestructura de un operador puede paralizar ciudades enteras, convirtiendo un problema digital en un caos físico.

Y esto socava uno de los aspectos más importantes de la transformación digital: la confianza. Cuando la conectividad se percibe como insegura, el usuario duda. Los ciudadanos evitan el gobierno digital y las empresas posponen la migración a la nube. Esta desconfianza ralentiza la economía digital y reduce internet a una herramienta de entretenimiento, en lugar de un motor de productividad.

Para combatir estos riesgos, los operadores latinoamericanos se ven obligados a adoptar tecnologías de vanguardia. La seguridad pasiva (firewalls tradicionales) ya no es suficiente, y la Inteligencia Artificial es una parte esencial de la respuesta. La velocidad de los ataques modernos supera la capacidad de reacción humana. Las nuevas herramientas de seguridad utilizan IA para analizar el tráfico de red en tiempo real, identificando anomalías de comportamiento que indican un ataque antes de que cause daños. Esto permite una respuesta automatizada y predictiva.

La respuesta comienza con la confianza mutua, o la Confianza Cero. El nuevo paradigma es «nunca confiar, siempre verificar». En las redes modernas, cada dispositivo, usuario y aplicación debe autenticarse continuamente, no solo al iniciar sesión. Esto evita que un atacante que haya comprometido un dispositivo IoT se mueva lateralmente al núcleo de la red.
De igual manera, la adopción de la inteligencia artificial está forzando un cambio en la topología de la red. En los operadores modernos, la seguridad ha dejado de ser una característica para convertirse en parte integral de la infraestructura. Esto ha forzado un cambio radical en la topología de red: hemos pasado de un modelo centralizado y estático a uno distribuido, fluido y autónomo. Cada punto de la red ahora cuenta con capacidad de procesamiento, ya sea para IA, seguridad o ambas, en forma de microcentros de datos. Con IA, la topología de la red puede cambiar física (virtualmente) en respuesta a un ataque. Si un nodo se ve comprometido, la IA puede terminar instantáneamente la conexión virtual y crear una nueva ruta segura en microsegundos, aislando la infección como un compartimento estanco en un submarino. La red se autorrepara (redes autorreparadoras).

Sin embargo, es en esta modernización de las redes donde reside el problema central para los ejecutivos de los operadores en América Latina. La implementación de estas tecnologías requiere inversiones significativas. Un estudio de ASIET señala la necesidad de inversiones de alrededor de US$49 mil millones entre 2023 y 2030, de los cuales US$32 mil millones se destinarán a atender el crecimiento del tráfico y US$17 mil millones a cerrar las brechas digitales y, principalmente, a modernizar las redes en la región.
Y este es quizás el punto más importante de este debate. Muchos países están debatiendo la magnitud de su «deuda tecnológica», es decir, las cantidades necesarias para modernizar una red para que sea eficiente, sostenible y, sobre todo, segura. Una cantidad significativa de equipos actualmente en uso en la región son legado de inversiones pasadas, han excedido su vida útil y ya no pueden recibir actualizaciones ni parches. De acuerdo con el informe Cisco Cybersecurity Readiness Index 2024, los sistemas sin parches o vulnerables fueron la segunda debilidad de seguridad más comúnmente atacada (28%) después del factor de doble autenticación. Y dentro de las redes, las segunda y tercera vulnerabilidades más atacadas en 2024 correspondieron a dispositivos fuera de soporte y sin nuevos parches de seguridad. (34%). Si consideramos que en el global del top ten de vulnerabilidades la mayoría son vulnerabilidades conocidas, algunas con más de 10 años, es esencial la implementación de parches de seguridad y el reemplazo de componentes de red que ya no pueden ser actualizados.

Ante este escenario, los operadores latinoamericanos necesitan reorientar sus modelos de negocio, creando servicios de mayor valor agregado y externalizando los servicios de seguridad corporativa, especialmente a las pequeñas y medianas empresas (PYME), hacia un modelo de Servicios de Seguridad Gestionados donde las telcos puedan ofrecer «Seguridad como Servicio» a las empresas que no cuentan con los recursos para tener su propio Centro de Operaciones de Seguridad. Esto transforma la ciberseguridad de un centro de costos a una oportunidad de monetización para el operador, especialmente a medida que crece la conciencia sobre la criticidad de la seguridad junto con las regulaciones de privacidad de datos en cada uno de los países de la región.
Este cambio ayuda a resolver la paradoja de la inversión de dos maneras. La reducción de costos de transporte (backhaul) mediante el filtrado de ataques y el procesamiento de datos en el borde, ya que el operador ya no gasta ancho de banda transportando basura (ataques DDoS, datos inútiles) al núcleo de la red. Se estima que esto ahorra hasta un 30% de capacidad de transporte. En cuanto a la monetización, la topología moderna permite al operador vender porciones de esta «inteligencia de borde» a las empresas, cobrando no solo por la conexión, sino también por la disponibilidad del procesamiento y la garantía de latencia y seguridad procesada allí mismo, en el punto más cercano al cliente.
La ciberseguridad en las redes de telecomunicaciones latinoamericanas es una carrera armamentista invisible. Si bien las nuevas tecnologías como la IA y la Confianza Cero ofrecen potentes escudos, el desafío económico de implementarlas en un mercado con márgenes ajustados es inmenso. Sin embargo, la ecuación es simple: sin redes seguras, no hay economía digital. La inversión en ciberseguridad, aunque costosa a corto plazo, es la única garantía de relevancia a largo plazo. Los operadores que logren sortear este dilema —protegiendo a sus usuarios y monetizando esa protección— no solo serán proveedores de internet, sino también los guardianes de la confianza en la era digital.