Publicado el 20-01-2022

¿Y LA AGENDA DIGITAL PERUANA?

Este artículo de Juan Pacheco Romaní (Gerente General de AFIN Perú) fue originalmente publicado en la Revista Telecomunicaciones de América Latina de ASIET. Descárgala completa aquí

“El hecho de que tantos niños y jóvenes no tengan Internet en sus hogares es más que una brecha digital: es un precipicio digital”, Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF. 

La pandemia precipitó la transformación digital que llegó para quedarse. Para gozar de sus múltiples beneficios, necesitamos una estrategia que articule los planes y esfuerzos del sector público y privado para construir nuestro sistema digital. 

Sin embargo, esta estrategia es inexistente actualmente en nuestro país. Muy lejos quedó el Plan de Desarrollo de la Sociedad de la Información en el Perú – La Agenda Digital Peruana 2.0 del 2011, cuyos lineamientos se han visto interrumpidos o paralizados  

Desde la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital se viene realizando importantes esfuerzos para el gobierno electrónico, situación que no se replica en el resto de sectores. El Ministerio De Transportes y Comunicaciones presenta problemas de institucionalidad, por los sucesivos cambios de funcionarios en pocos meses, que han descabezado el sector, que, de otro lado, parece más preocupado en qué hacer con la red dorsal, cuando la falta de conectividad en el país se resolvería con otras decisiones para incrementar y acelerar el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones, por ejemplo. 

Una gran cantidad de países han adoptado una estrategia, un plan, o un conjunto de estos, para tener un ecosistema digital, que involucre a la mayor cantidad de stakeholders (público, privado, academia, usuarios, no usuarios) para- entre otras cosas- reducir la brecha digital, dotar de habilidades básicas y avanzadas a nuestra población, hacer interoperables nuestras plataformas, contar con una estrategia de seguridad digital, incorporar a ciudadanos de nuestras zonas rurales y tener un uso del internet más productivo que recreativo, y no quedarnos en compartimentos estancos, sin horizontes marcados ni metas ambiciosas. 

Esa es la urgencia que tenemos como país. Nos lamentamos de no tener una conectividad que abarque a la mayor cantidad de peruanos, sin embargo, nos oponemos a que se instalen antenas de telefonía móvil cerca a nuestros domicilios. Tenemos una buena ley que le da carácter automático a la presentación de solicitud de instalación de antenas y algunos quieren regresar a la aprobación previa por parte de 1 864 municipalidades en el país.  Es decir, retornar al pasado, con pobres indicadores de cobertura, en lugar de avanzar más rápidamente en esta coyuntura especial que vive el mundo entero. 

Por otro lado, tampoco queremos el cableado aéreo, porque “afea” nuestras ciudades, las que, por falta de planificación urbana, tampoco tienen las facilidades para el soterrado. Empero, nos olvidamos que la fibra óptica, esa que nos falta para desarrollar banda ancha, que vendrá por la zona aérea, porque abrir varias veces las ciudades tampoco es sostenible. Tender fibra óptica de gran extensión, requiere de permisología ambiental que no le corresponde por no tener el impacto de otros despliegues de infraestructura o de actividades de hidrocarburos, por citar algunos ejemplos.  

Queremos mejor internet, pero proyectos de ley elevan la velocidad mínima sin garantizar el despliegue de infraestructura requerido. Al contrario, lo hacemos más engorroso. 

Sin embargo, nadie se encarga de este tema, quizás porque esta importante tarea, no genera titulares mediáticos de aparentes buenas decisiones, en beneficio de los usuarios. 

La conectividad es factor de resiliencia frente a este todo tipo de pandemias. Contribuirá a salvar vidas. Lo lamentable sería que no logremos conectara una mayor cantidad de personas.  

El tema de conectividad en los temas educativos, se ha vuelto además una necesidad impostergable, sin perjuicio del esperado pronto retorno a las clases presenciales. Muchos países ya aplicaban estrategias de aprendizaje virtual con anterioridad a la pandemia y requerimos avanzar fuertemente en este campo, de igual forma como el impostergable avance en el sector salud, donde la historia clínica electrónica a nivel nacional, interoperable y la atención remota, se convirtieron en cuestión de vida o muerte.  

Igual sucede con los temas de seguridad digital, en donde cada institución tiene un pensamiento distinto y aún no se encuentra una respuesta articulada, donde se traslada el problema entre los diferentes actores, para evitar responsabilidades.  

La pandemia nos ha generado grandes retos que, a su vez, son grandes oportunidades. El Perú necesita una agenda digital lo antes posible. Nuestro futuro está en juego.