Publicado el 21-09-2020
Juan Pacheco
Gerente General de AFIN (Perú)

Conectividad para la Resiliencia

Este artículo de Juan Pacheco, gerente general de AFIN (Perú), fue publicado originalmente en la Revista de ASIET: Telecomunicaciones de América Latina. Descarga la Revista completa aquí.

El mundo cambió por la pandemia y la conectividad se volvió indispensable para casi todas las actividades que realizamos. Los países que tienen una conectividad más desarrollada, podrán mitigar mejor y más rápidamente el impacto de esta pandemia en todos los ámbitos.

Por citar algunos ejemplos: Corea del Sur y China usaron aplicaciones y tecnología 5G para hacer detección y seguimiento temprano a las personas con Covid 19 y las clases escolares y las universitarias migraron a la vía virtual, así como el trabajo a remoto.

En el caso de Perú, la atención remota a pacientes con distintas enfermedades debe promoverse para no congestionar los establecimientos de salud, y evitar contagios.  y es una buena iniciativa distribuir medicinas para pacientes con enfermedades crónicas del Seguro Social de Salud (Essalud) a través del programa Farmacia Vecina, que requiere de una plataforma y soporte de tecnología de información y comunicaciones, en beneficio de los ciudadanos.

Sobre nuestras operaciones en el mercado internacional, la totalidad de la cadena logística para el comercio exterior requiere digitalizarse en su integridad, desterrando la documentación física para minimizar el riesgo. En el ámbito interno, necesitamos desarrollar diversos canales de distribución online, con exigentes protocolos sanitarios.

El uso del comercio electrónico en Perú, según el Observatorio del Ecosistema Digital de la CAF, es el 1.9% para el 2020. El 34.2% de nuestras empresas usa la banca electrónica, un 15.2% usa internet para adquirir insumos; sin embargo solo el 7.2% ha desplegado un canal de venta digital, lo que demuestra un bajo nivel de aprovechamiento del internet en estos rubros.

Respecto al gobierno electrónico nos ubicamos en posición 83 de 193 países del ranking 2016 de Naciones Unidas. Tenemos 1 675 municipalidades con acceso a internet y 199 aún en espera de la infraestructura necesaria. Registramos un índice de resiliencia del Estado de 37.36 en la región (Observatorio CAF), siendo el más alto Chile con 54.98 y el más bajo Honduras con 18.83.

Requerimos acelerar la implementación del gobierno electrónico en todo el país para el servicio al ciudadano, concretar la identidad digital, y la billetera móvil para mejorar los canales de ayuda a la población más necesitada.

Todo lo mencionado causará la adopción masiva de la tecnología, nuevas formas de producción y diferentes comportamientos sociales, para lo cual es necesario mejorar nuestra conectividad, esa “carretera” por donde “transitarán” estos datos.  En este sentido, hagamos un breve repaso.

En el 2015, la Universidad del Pacífico estimó en U$ 27 000 millones el déficit de infraestructura telecom al 2025. Hacen falta 30,000 antenas a nivel nacional, solo el 30% de hogares a nivel urbano y rural accede al internet fijo según la ENAHO, con niveles bajísimos en Huancavelica, Pasco, Apurímac, Ayacucho, Puno, Cajamarca y Puno. Solo 12 013 colegios públicos de un total de 53 506 a nivel nacional, tienen acceso a internet, según el censo educativo del MINEDU del 2018 y  6,446 localidades carecen de acceso a servicios de telecomunicaciones. La penetración en el segmento móvil ha avanzado, pero la cobertura también necesita ser ampliada.

¿Qué hacer?
Se necesita una visión de sostenibilidad del sector. Ello pasa por garantizar un horizonte predecible de recuperación de inversiones (Urge solucionar la problemática de renovación de concesiones que castiga a las empresas que apuestan por seguir invirtiendo en el país) y eliminar todos los sobrecostos que afectan a la industria telecom, como las tasas RENIEC o la pretensión (antitécnica) de gravar la capacidad satelital; que es un grave error en estos momentos que necesitamos llegar a todo el territorio nacional.

Se requiere no incentivar la morosidad o no pago de los servicios de telecomunicaciones, en forma ciega y absoluta, por razones de la emergencia. Eso solo perjudica al sistema y no favorece a nadie en el largo plazo.

Se necesita promover un mayor despliegue de antenas, de fibra óptica y de toda infraestructura telecom en general, especialmente en áreas rurales, eliminando trabas y tramitología ineficiente . Incentivos y promoción en ese sentido necesitamos.

Esta es la primera prioridad. Sin antenas suficientes la geolocalización no es tan exacta, por ejemplo, y sin fibra óptica en un centro de salud o una escuela, no se contará  con el ancho de banda que se requiere para la prestación de servicios vitales a la ciudadanía. Que la fibra llegue a los hogares donde es factible, también es impostergable en estos momentos.

Debemos, además, masificar, de forma urgente, la capacitación en habilidades digitales en todas las áreas y promover el acceso de las personas a las tecnologías de información y comunicación.

Simplificar y modernizar el marco regulatorio para promover la expansión de la cobertura de servicios, usando todas las herramientas disponibles.

Asimismo, agilizar la concreción del ecosistema digital, en alianza del Estado, sector privado, universidades, academia, y ciudadanos, es otra necesidad impostergable.

Existen muchas otras alternativas que pueden discutirse. Lo importante es actuar ahora.