Publicado el 27-07-2020
Análisis

Las telecomunicaciones: un aliado estratégico en tiempos de pandemia

Este artículo de Raúl Katz y Juan Jung (Telecom Advisory Services) fue publicado originalmente en la Revista de ASIET: Telecomunicaciones de América Latina. Descarga la Revista completa aquí.

La pandemia del COVID-19 ha supuesto un replanteamiento de las prácticas sociales y sistemas productivos que hasta hace pocos meses dábamos por normales. Todo ha cambiado: Mas del cincuenta porciento de la población no está asistiendo a sus lugares de trabajo habituales[1], hemos suspendido los encuentros sociales con familiares y amigos, y nuestros hijos ya no asisten a las aulas para educarse. Pese a ello, buena parte de la población ha podido continuar con sus tareas de trabajo, ha logrado mantener el contacto con sus seres queridos, y ha podido aprovechar las plataformas online para que las actividades educativas no se interrumpan. También la población ha podido entretenerse durante el confinamiento a través de la creciente oferta de servicios audiovisuales disponibles en streaming. Todo ello hubiese sido imposible años atrás, y es prueba del notable avance que han tenido las telecomunicaciones, y como nos están ayudando a mantener el sistema social y productivo en funcionamiento.

Naturalmente, las redes de telecomunicaciones están siendo afectadas por el aumento exponencial del tráfico, motivado por el incremento del teletrabajo y de videoconferencias durante estos meses de confinamiento. Sin embargo, es importante recalcar que las redes latinoamericanas vienen resistiendo este desafío con éxito, acomodando los incrementos de tráfico y preservando niveles de calidad adecuados.

En el escenario post-pandémico, la digitalización seguirá siendo tan crucial como ahora. En la “nueva normalidad”, esperamos poder salir y retomar encuentros con allegados, pero manteniendo distanciamiento social y evitando aglomeraciones. Podremos volver paulatinamente a los lugares de trabajo, pero seguiremos teletrabajando más que antes. Nuestros hijos podrán volver gradualmente a las aulas, pero ello será combinado con mayor actividad educativa online. En definitiva, seguiremos utilizando a las telecomunicaciones más que antes.

Una vez salgamos de la emergencia actual, resulta evidente que América Latina tiene pendiente avanzar en el cierre de la brecha digital.[2] Estimaciones para el 2020 apuntan a una penetración de internet en la región del 79%[3]. Esa cifra, si bien es destacable y recoge grandes avances recientes, implica también que un 21% de la población se enfrenta a una marginalización implícita. Es decir, hay una porción importante de habitantes impedida de teletrabajar, de acceder a información sanitaria, de descargar contenidos educativos, o de adquirir bienes a través de internet, y que, por lo tanto, no está pudiendo mitigar los efectos negativos del confinamiento. Existe un desafío para la región acerca de cómo crear las condiciones de entorno adecuadas que permitan estimular las inversiones necesarias y las políticas públicas para cerrar esa brecha.

En este contexto, cabe mencionar que la industria de las telecomunicaciones viene atravesando una coyuntura compleja, que combina crecientes requerimientos de inversiones con niveles de ingresos por usuario decrecientes, como se puede ver en la siguiente figura.

América Latina: evolución ARPU móvil e inversión per cápita en telecomunicaciones

Fuente: GSMA Intelligence y UIT, Análisis de Telecom Advisory Services. 

El ingreso promedio por usuario móvil, ya bajo en relación con niveles de economías avanzadas, ha estado disminuyendo desde el cuarto trimestre del 2017. Aun en el contexto de esta tendencia, la industria ha aumentado su nivel de inversión de capital para impulsar el desarrollo tecnológico y la cobertura de las redes. Sin embargo, América Latina todavía registra niveles de inversión por habitante que están por debajo de los países de la OCDE, y pese a que esa distancia se ha ido acortando, se requiere de un mayor impulso para que la región pueda contar con niveles de conectividad similares a los de los países más avanzados. Prueba de ello son las estimaciones de inversiones para desplegar 5G en la región[4], que apuntan a aumentos de CAPEX anual de entre 15% y 20%, dependiendo del país y de los escenarios de despliegue.

La sostenibilidad de las inversiones, que ya se veía amenazada por las complejidades del entorno, puede verse más comprometida aún en contextos como el actual. Recientemente, un informe de Fitch Ratings[5] sobre las telecomunicaciones en América Latina arrojaba pronósticos preocupantes a raíz de esta situación, prediciendo que las operadoras podrían recortar inversiones hasta un 30% para mitigar los problemas de flujo de caja causados por la pandemia. Al verse comprometida la liquidez y las posibilidades financieras de las empresas, podría verse perjudicado el objetivo de aumentar los niveles de inversión, y, por tanto, de cerrar la brecha digital.

A ese respecto, cabe una reflexión vinculada a algunas de las medidas que se están tomando en la región, como son el congelamiento de precios o imposición de tarifas sociales (casos de Argentina[6] o Ecuador[7]), o el mantenimiento de servicios operativos en caso de suspensión de pagos (casos de Ecuador[8], Bolivia[9] o El Salvador[10]). Tales medidas, que indudablemente son favorables para los segmentos mas vulnerables de la población, deberían ser llevadas a cabo mediante mecanismos que eviten poner en riesgo la liquidez del sector y sus planes de inversión. Un opción es plantear la provisión de subsidios focalizados en los segmentos de población más vulnerables, destinados a que éstos puedan mantener sus servicios en estas circunstancias. Este tipo de medidas, por otra parte, deberán implementarse de manera ágil y transparente, para que sus destinatarios puedan disponer las ayudas en tiempo y forma.

En conclusión, siendo la infraestructura digital un componente fundamental para la resiliencia económica, el cierre de la brecha de conectividad requerirá que las condiciones de entorno acompañen a ese proceso, y para ello será necesario promover la acción conjunta de gobiernos, reguladores y operadores como aliados estratégicos para conseguir el objetivo. De lograrlo, ante futuras emergencias como la actual, la región podrá minimizar con éxito los efectos dañinos de las mismas.

[1] Ver Katz, R., Jung, J. y Callorda, F. (2020). El estado de la digitalizacion frente a la pandemia del COVID-19. Caracas: Observatorio CAF del Ecosistema Digital (Abril).

[2] Otro desafío relevante para la región es el de utilizar más intensivamente las tecnologías digitales, dado que actualmente en los hogares predomina su uso para entretenimiento y redes sociales, y a nivel empresarial, el uso que se da a internet en cadenas de aprovisionamiento y procesos productivos es escaso.

[3] Estimación de Telecom Advisory Services sobre la base de datos de UIT

[4] Katz, R. y Cabello, S. (2019). El Valor de la Transformación Digital a través de la Expansión Móvil en América Latina. New York: Telecom Advisory Services.

[5] Fitch Ratings (2020). LATAM Telecoms May Cut Capex Due to Coronavirus-Related Cash Burn (4 de mayo).

[6] El Cronista (2020). “Congelan las tarifas de telefonía fija y los planes prepagos de celulares” (31 de marzo)

[7] El Comercio (2020). “Tarifas sociales y simplificación de trámites para proveedores; en Ecuador uso de Internet aumentó 40%” (27 de mayo).

[8] Contreras, V. (2020). “Proveedores telecom en Ecuador no suspenderán servicios y darán zero rating para apps de emergencia por COVID-19”, Digital Policy & Law (23 de marzo)

[9] Contreras, V. (2020). “Bolivia prohíbe a operadores cortar servicios de telefonía, Internet y cable por falta de pago durante la pandemia”, Digital Policy & Law (23 de abril)

[10] Gonzalez, L. (2020). “Afectados por el Covid-19 no pagarán créditos, luz, agua y teléfono por tres meses”, La República (18 de marzo).