Publicado el 30-07-2020

La desigualdad digital frente al COVID-19

Este análisis, elaborado por la Secretaría Técnica de eLAC (CEPAL), fue publicado originalmente en la Revista de ASIET: Telecomunicaciones de América Latina. Descarga la Revista completa aquí.

La pandemia del COVID-19 está generando una crisis sanitaria con efectos económicos y sociales sin precedentes. La CEPAL estima que la región sufrirá la mayor contracción de la actividad económica de su historia: -5,3% en 2020. Las exportaciones regionales caerían alrededor del 15% este año. Todo ello generaría casi 12 millones más de desempleados, sobre una masa laboral con un 53% de informalidad. Esto nos llevará a un incremento de 30 millones de personas en situación de pobreza. Estamos en un mundo diferente, que requiere un nuevo modelo de desarrollo y nuevas soluciones.

La digitalización ofrece oportunidades para hacer frente a esta crisis en sus distintas fases. Ante la emergencia sanitaria distintas aplicaciones se orientan a la difusión de información y al seguimiento de la propagación del virus casi en tiempo real. Los países más desarrollados están haciendo uso de soluciones que conjugan tecnologías más sofisticadas como 5G, analítica de datos, inteligencia artificial, drones y robots. Ante la necesidad de aislamiento social, al tiempo de mantener cierto nivel de actividad, herramientas de teletrabajo, de teleducación, de telesalud y de prestación de servicios en línea en una diversidad de ámbitos, incluidos la realización de trámites, actividades bancarias y de comercio electrónico, han adquirido un rol clave en nuestro diario vivir. Así la lucha contra el COVID-19 ha puesto de manifiesto la relevancia de las tecnologías digitales en la dinámica socioeconómica actual.

En este contexto, la infraestructura de telecomunicaciones se ha constituido en un factor crítico y esencial para el funcionamiento de la economía y la sociedad, siendo fundamental para la provisión de algunos servicios básicos como educación y salud. Con el avance de la enfermedad, las redes e infraestructura de comunicaciones están siendo utilizadas de manera mucho más intensiva para actividades laborales y productivas y a la vez se están modificando hábitos de uso y consumo que ahora serán parte natural de nuestras actividades cotidianas.

Asimismo, a pesar de los avances en la conectividad y acceso, esta coyuntura ha dejado en mayor evidencia la brecha digital existente. En 2019, el 87% de la población de los países más desarrollados era usuaria de Internet, en tanto que en América Latina y el Caribe era el 67%. Al interior de los países, también se observa un diferencial por ingresos, edad, urbanidad, etc.

Por ejemplo, en 2018 en varios países de la región, menos del 10% de la población en áreas rurales tiene acceso a Internet. Por otro lado, mientras que para el quintil más rico de los hogares la conectividad puede llegar al 90%, en los hogares de menores ingresos el porcentaje en algunos casos alcanza solamente al 10%. Esto limita fuertemente las posibilidades de aprovechar los beneficios de realizar actividades a distancia, así como el acceso a otro tipo de bienes y servicios ofrecidos por las plataformas e instituciones públicas, ampliando aún más las brechas preexistentes.

Uno de los grupos con menor conectividad son los niños de 5 a 12 años, lo que limita el potencial de la educación a distancia. En términos absolutos, para una muestra de 13 países de ALC, las personas en edad escolar que no tiene acceso a Internet en sus hogares son alrededor de 36 millones. En los países con menores niveles de conectividad, menos del 20% de los estudiantes pertenece a un hogar con conexión a Internet, en tanto que en países con mejores niveles esta proporción es igual o superior al 70%. Esta situación empeora al interior de los países al considerar las condiciones socioeconómicas de los hogares, resultando más perjudicados los estudiantes de primaria de los quintiles más pobres. Esto puede constituirse en una trampa de movilidad social en la medida que la nueva normalidad se base en este tipo de soluciones, lo que es altamente posible, dada la dificultad de retornar a aulas con alta densidad de estudiantes en el mediano y corto plazo.

Asimismo, las oportunidades de realizar teletrabajo no son iguales para todos. El porcentaje de la población que potencialmente podría hacer trabajo a distancia se ve limitado por las características del oficio que realiza, pero también por la conectividad. En ese sentido, estimaciones realizadas en CEPAL para 6 países de la región (Chile, Uruguay, México, El Salvador, Ecuador y República Dominicana) indican que sólo entre el 4% al 18% de la población podría acceder a este beneficio.

Por otro lado, el emprendimiento y la transformación digital es fundamental para la resiliencia empresarial y el proceso de recuperación. En la medida que las ventas del negocio y relacionamiento con los clientes pueda ser llevado a modos virtuales es posible mantener cierta dinámica de actividad en tiempos que hay que buscar nuevas formas de llegar y atender las nuevas necesidades de la demanda. Existe una importante oportunidad para que las empresas de la región sean parte del mundo digital, ya que el 75% de las empresas presentes en línea tienen una presencia pasiva, es decir que solo entregan información sobre el negocio sin posibilidades transaccionales, alrededor de un 18% corresponden a empresas del mundo físico que también tienen canales de venta en línea, 4% son plataformas de comercio-e, en tanto que empresas de TI y de otros servicios en línea corresponden a 2% en cada caso.

 

Distribución de las empresas con presencia en línea según tipo (porcentaje)

Fuente: CEPAL, proyecto “Big data para la medición de la economía digital”, 2020.

En la medida que la emergencia sanitaria se extienda, las soluciones virtuales que facilitan el distanciamiento social son la única opción para la resiliencia económica-social. Sin embargo, la brecha digital está condicionando el derecho a la salud, a la educación y al trabajo, profundizando inequidades socioeconómicas. Esto revela un nuevo elemento de inequidad, la desigualdad digital.

Todo parece apuntar a que después del COVID-19 el mundo será diferente, y que una de sus características será una mayor digitalización. Bajo esa perspectiva, es preciso tomar acciones que en el corto plazo permitan aumentar el acceso a Internet, expandir redes de nueva generación y desarrollar soluciones digitales que coadyuven a hacer frente a la pandemia y la compleja coyuntura económica- social. Al mismo tiempo se requiere de una visión estratégica de mediano y largo plazo que impulse la transformación digital de la economía y sociedad de los países de la región.