Publicado el 05-08-2019
Ramiro Camacho Castillo
Comisionado del Instituto Federal de Telecomunicaciones de México

La Revolución digital y el empleo

La Revolución 4.0 es la consecuencia de una serie de progresos dramáticos en la ingeniería de las últimas décadas, notablemente la digitalización y el aumento de las capacidades de procesamiento y transmisión de información a grandes distancias y a costos siempre decrecientes.

La Revolución 4.0 tiene el potencial de modificar las cadenas productivas, los mercados de bienes y servicios, las condiciones de competencia, así como la oferta de empleos y la naturaleza misma de los centros de trabajo. La automatización de funciones y la aparición de nuevas herramientas tecnológicas implicarán la destrucción de puestos de trabajo tradicionales y la creación de puestos en sectores menos sensibles al cambio tecnológico o en sectores o profesiones creados como consecuencia del cambio tecnológico.

Si bien existe un alto grado de incertidumbre acerca de las tecnologías y modelos de negocios que eventualmente serán adoptados como consecuencia de la Revolución 4.0, como regla general es posible prever que se producirán aumentos sustanciales de la productividad de los trabajadores, acompañados de disrupciones de corto plazo, positivas y negativas, en el empleo y las condiciones de trabajo.

La experiencia histórica nos enseña que las disrupciones en el mercado de trabajo se asocian principalmente a los costos que tiene los trabajadores de incorporarse a un nuevo esquema productivo. Por ejemplo, cuando los trabajadores no tienen acceso adecuado a los conocimientos o posibilidades de aprendizaje de las nuevas tecnologías, pueden sufrir las consecuencias de la perdida de empleos sin tener la posibilidad de explotar las nuevas oportunidades.

Por otra parte, los problemas en el mercado de trabajo pueden agravarse cuando los gobiernos mantienen políticas que favorecen artificialmente la protección de empleos o industrias tradicionales. Algunos gobiernos, por presión de los sindicatos o asociaciones de taxistas, han buscado prohibir aplicaciones como Uber y Cabify. Con estas medidas se favorecen métodos productivos tradicionales ignorando el potencial de eficiencias de los servicios nuevos en perjuicio de los trabajadores y los consumidores. En su lugar, los nuevos servicios deberían incorporarse a competir junto a los servicios tradicionales en condiciones de neutralidad, lo que implica que cada servicio compita en sus méritos.

Aun cuando el cambio tecnológico tiene el potencial de producir efectos negativos asociados a la transición o adaptación a las nuevas condiciones de trabajo, dicha transición no necesariamente produce desempleo a nivel agregado o en el largo plazo. Por ejemplo, durante el siglo XX los países latinoamericanos transitamos de economías basadas en la agricultura y ganadería a economías basadas en industria y servicios sin que se necesariamente se incrementara la tasa de desempleo. Por el contrario, a lo largo de ese siglo nuestras economías incorporaron un gran porcentaje de mujeres al mercado de trabajo.

En línea con otras revoluciones industriales, la automatización parcial o total de los empleos tradicionales, y la reasignación de recursos a tareas más productivas eventualmente lleva a eficiencias, reducción de costos y aumentos en productividad, lo cual compensará por las disrupciones de corto plazo.

Es previsible que durante la Revolución 4.0 los cambios en el ámbito laboral se desplieguen gradualmente a lo largo de años o décadas a medida que las tecnologías y modelos de negocios van madurando. Este proceso será lento, con avances desiguales y sujeto a incertidumbre en casos específicos. Por ejemplo, existe un gran nivel de incertidumbre sobre el momento en que los automóviles sin conductor serán una opción técnica y económicamente viable para sustituir a los automóviles tradicionales.

Por otra parte, la Revolución 4.0 en muchos casos intensificará las condiciones de competencia, pues implica la aparición de nuevos servicios que compiten con los tradicionales, y en algunos casos la irrelevancia de la distancia para el empleo y la provisión de bienes y servicios. Las nuevas tecnologías tienen el potencial de crear oportunidades de trabajo a distancia, incluyendo empleo no presencial o altamente flexible.

El desarrollo acelerado de la tecnología per se no requiere un aumento de los conocimientos de las personas. La tecnología en ocasiones tiene el efecto de facilitar la realización de tareas aun para personas sin conocimientos sofisticados sobre materias técnicas. Sin embargo, los conocimientos técnicos tienden a ser más valorados por los mercados. En las últimas décadas, por ejemplo, los mercados han pagado mayores salarios a aquellos trabajadores con habilidades en campos relacionados con las ciencias y técnicas en general y en particular con las tecnologías de la información.

Como un tema de políticas públicas, es necesario que los gobiernos mantengan un nivel de monitoreo de los mercados y las tendencias tecnológicas asociadas a la Revolución 4.0, así como flexibilidad en sus políticas educativas que favorezcan el desarrollo de habilidades más acordes al cambio. Por ejemplo, habilidades de familiarización, conocimiento, adaptabilidad o interacción con las nuevas tecnologías, así como habilidades técnicas del tipo STEM o habilidades “suaves” como artísticas, escritura, toma de decisiones, entre otras.

Los beneficios de la Revolución 4.0 incluyen notablemente la creación de bienes y servicios que incrementarán la productividad de los trabajadores y el bienestar de los consumidores. Dicha revolución representará oportunidades para el aumento en los niveles de vida y condiciones de bienestar de las personas tanto en su papel de trabajadores como de consumidores.