Publicado el 14-08-2019
Roberto Sánchez
Dir. Gral. Telecomunicaciones y TIC, Secretaría para el Avance Digital. Ministerio de Economía y Empresa, España

El reto del a desigualdad en el siglo XXI: La lucha contra la brecha digital

En todo tipo de medios, incluidos los de carácter más generalista, se habla de la problemática de la brecha digital. Sin embargo, no existe un consenso sobre el significado del término. El concepto de brecha digital es polifacético. El único acuerdo del que partimos todos los agentes sociales es la necesidad de combatir esta nueva división que surge entre las capas poblacionales y económicas para evitar que dé lugar a la ampliación de las desigualdades sociales existentes o a la aparición de nuevas categorías de las mismas.

En mi opinión, son tres las principales brechas digitales a las que se enfrentan los Estados. En primer lugar, la brecha de conectividad, caracterizada por la diferencia en la posibilidad de acceso a las distintas tecnologías de conexión de banda ancha a Internet. En segundo lugar, nos enfrentamos a una brecha de capacitación digital, que surge del distinto nivel de competencias que permite un mayor grado de aprovechamiento de los beneficios de la digitalización. Finalmente, la denominada brecha de género, que viene derivada de la menor participación de las mujeres respecto a los hombres en la sociedad y economía digital.

La brecha de conectividad es la piedra angular para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. La UIT estima que, a fines de 2018, el 51,2% de la población mundial utilizaba Internet. No tendremos un crecimiento mundial equilibrado si no se incluye el apoyo a la conectividad en los planes de ayuda al desarrollo y, adicionalmente, los países no desarrollan e implementan ambiciosos planes de conectividad.

Creo que no exagero al señalar a mi país, España, como caso de éxito en la lucha contra la brecha digital. España dispone de la red de fibra óptica más extensa de Europa, disponiendo el 81% de la población de posibilidad de acceso a redes con velocidades de 100 Mbps. Dentro del ámbito de la OCDE, España es también líder en este campo. Mientras en el conjunto de países de la OCDE 1 de cada 14 habitantes tiene cobertura de fibra óptica, en España la proporción es 4 de cada 5.

La extensión de banda ancha de muy alta velocidad en España se apoya en la iniciativa privada, complementada con las ayudas públicas dónde existen fallos de mercado. En el periodo 2013-2018 PEBA-NGA, el programa central de apoyo al a despliegue de banda ancha en España, ha financiado con 346,8 millones de euros de ayudas públicas, movilizando en total proyectos de despliegue por valor de 684,54 millones de euros.

Pero la brecha digital ya no depende sólo de la posibilidad de acceso a las infraestructuras. Es necesario que la ciudadanía y empresas estén capacitadas para su uso y aprovechar las ventajas que concede. Así es reconocido por los diversos organismos y foros internacionales.

En el ámbito de las competencias digitales, la actuación de los poderes públicos ha de centrase en tres puntos. De un lado, la creación de una base de profesionales TIC y economía digital, adecuando la formación universitaria y profesional a las necesidades de empresas e instituciones. De otro, proporcionado a los profesionales de las empresas las competencias digitales adecuadas para desempeñar su trabajo en la era digital. Finalmente, pero no menos importante, fomentando en los niveles más básicos de educación las vocaciones tecnológicas tempranas, especialmente entre el género femenino que suelen ser más escasas.

Quiero dedicar la parte final de estas reflexiones, precisamente, a ahondar en la cuestión de la brecha de género. Si todas las brechas digitales son de relevancia, la brecha de género es quizás la de más largo alcance, trayendo consigo la no participación de la mitad de la población mundial en la transformación digital. La implicación inmediata es una pérdida de diversidad en la resolución mediante la digitalización de los retos sociales y económicos a que nos enfrentamos, despreciando un talento que siempre es escaso.

La lucha contra la brecha de género la existencia de evidencias. La recopilación de estadísticas desagregadas por género se convierte en elemento necesario para ello, disipando la invisibilización del problema latente. Es por ello de especial interés en este ámbito la construcción de herramientas innovadoras de seguimiento como el cuadro de indicadores “Women in Digital” (WiD) de la Unión Europea. Este

instrumento permite evaluar la participación femenina en el uso de internet, adquisición de competencias digitales e integración en profesiones digitales.

Aunque España tiene un rendimiento razonable en el combate de la brecha de género ocupando el noveno lugar de la UE en el WiD, nuestra Agenda del Cambio se está dotando de nuevos instrumentos para profundizar en esta línea. Así, por ejemplo, se han introducido recientemente herramientas innovadoras en la convocatoria anual de ayudas para desarrollo de proyectos basados en Tecnologías Habilitadoras, otorgando valoración adicional a la dirección de las mujeres. El efecto inmediato ha sido un incremento del 11% al 47% en los proyectos digitales liderados por mujeres.

Las sociedades del siglo XXI no pueden permitirse dejar atrás a ninguno de sus miembros. La inclusión es condición indispensable para el crecimiento económico sostenible. La brecha digital, en todas sus facetas, es el principal obstáculo al que nos enfrentamos para alcanzar un futuro de igualdad de derechos, dignidad y bienestar para todos los seres humanos.