Sin TIC no hay mañana*

Pablo Bello. Director Ejecutivo de ASIET

América Latina es la región del mundo en la que menos ha crecido la productividad del trabajo en las últimas décadas. El crecimiento económico de la región ha estado fundamentalmente sustentado en el “superciclo” de los commodities y la expansión de la fuerza laboral. De acuerdo a la consultora McKinsey, si no se aborda con urgencia el desafío de la baja productividad, el crecimiento económico de los próximos 15 años será entre 40% y 50% inferior que el de los 15 años precedentes, y solo será posible evitar ese futuro de estancamiento si se transforma la estructura productiva a través de la digitalización y la automatización. Sin crecimiento económico es imposible reducir la pobreza y la desigualdad. Sin crecimiento económico América Latina está condenada al subdesarrollo.

Chile se encuentra hoy en la previa de un proceso de elección presidencial. Es la instancia oportuna para debatir ideas. Para mirar el futuro y tomar ahora las decisiones que marcarán el rumbo en el próximo quinquenio. Y posiblemente no hay nada más urgente desde el punto de vista del desarrollo económico para los próximos años que acometer la incorporación intensiva de las tecnologías de la comunicación en los procesos productivos.

Chile ha avanzado muchísimo en las últimas décadas. El acceso a Internet supera el 84%, la telefonía móvil el 127% y la TV de pago roza el 54%. Esto al tiempo que los precios han descendido paulatinamente. Pero aún tenemos brechas de acceso a la conectividad que cerrar y necesitamos consolidar el despliegue de infraestructuras de “clase mundial” para enfrentar el desafío de transitar desde el Internet del consumo hacia el Internet de la producción. No basta con tener Internet, tenemos que usar Internet para generar riqueza y oportunidades de progreso.

En ASIET estimamos que Latinoamérica requeriría 400 mil millones de dólares de inversión en 8 años para alcanzar niveles de penetración similares a los de los países más desarrollados, lo cual significa que en los próximos años hay que hacer una inversión superior a la realizada durante estos años precedentes. El informe “Infraestructura Crítica para el Desarrollo (ICD)”, de la Cámara Chilena de la Construcción, estimó que el país debe desplegar 26.346 millones de dólares de inversión en infraestructura de telecomunicaciones en el período 2016-2025, para enfrentar el déficit en banda ancha y alcanzar los niveles de conectividad de los países desarrollados. Y no es que se haya invertido poco hasta ahora. Según el Banco Central, el rubro comunicaciones ha experimentado un crecimiento sostenido en el tiempo, siendo uno de los principales agentes impulsores del PIB. Este sector presenta tasas de crecimiento promedio anual de 7% durante los últimos años, cifra que se sitúa por sobre el crecimiento global de la economía.

La industria de telecomunicaciones en Chile ha invertido del orden de 19.000 millones de dólares en la última década y se proyecta un valor similar para los próximos diez años. La mala noticia es que ese ritmo de inversión es insuficiente. Si no hacemos nada distinto, Chile tendría un déficit de al menos 25% en la inversión en infraestructura para telecomunicaciones al año 2025, según el informe de la Cámara Chilena de la Construcción. Esta necesidad de aumento de inversiones se da un contexto de desaceleración económica general y bajada del promedio de ingresos por usuario (ARPU) en la industria de telecomunicaciones, por eso se hace urgente una visión regulatoria flexible en el sector que entienda las nuevas características del Ecosistema Digital en un entorno Convergente.

Y como hemos señalado, no basta con la inversión en redes de conectividad, tanto o más urgente es que a través de todas las cadenas productivas se incorporen de forma acelerada las TIC como herramienta central para elevar la productividad y la competitividad. CORFO ha realizado un gran trabajo en los últimos años en esa dirección, pero falta mucho por hacer y la principal responsabilidad recae en las empresas de nuestro país a través del uso intensivo de Big Data, computación en la nube, Internet de las Cosas, drones, sensores, robots.

Así como Chile y la región ha ido cerrando la brecha del internet del consumo con el primer mundo, la brecha digital del internet de las cosas se está ampliando. Esto significa que las economías de los países desarrollados están invirtiendo más en el futuro, serán más competitivas mientras nosotros nos vamos quedando rezagados.

Chile debe plantearse metas ambiciosas. Para cuando termine el próximo gobierno, el año 2022, Chile debería reducir a menos del 5% la población mayor de 16 años no conectada, más que duplicar la velocidad media de internet y superar los 20 mbps, acelerar la disponibilidad de fibra óptica en los hogares (al menos el 25% de ellos deberían tener FO) y en las empresas (especialmente las MIPYMEs). Al mismo tiempo se debe trabajar con las empresas en planes concretos de digitalización y automatización de los procesos productivos con la ayuda de CORFO y el sector financiero. Se requiere una importante inversión en educación tecnológica en todos los niveles, volver a darle prioridad a la digitalización del Estado (mobile government), y desarrollar de forma más acelerada la industria de contenidos, servicios y aplicaciones sobre internet, entre otras prioridades.

Es una buena noticia el anuncio de SUBTEL de convocar a un diálogo del más alto nivel para construir un Libro Blanco de las Telecomunicaciones, a pensar el futuro conjuntamente con las empresas, la academia y las organizaciones sociales, recuperando así un liderazgo en la construcción de políticas públicas que hacía falta. La construcción de amplios consensos, el diálogo, la unión de voluntades, el sentido de urgencia y el liderazgo tanto político como empresarial, son indispensables para que Chile vuelva a ser el líder digital de América Latina.

Este debate debe estar en el centro de las campañas electorales y los programas de gobierno para el próximo cuatrienio. Necesitamos que los partidos políticos, los centros de pensamiento, las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado asumamos el compromiso de darle prioridad y urgencia de la digitalización de Chile. Se puede decir más fuerte pero no más claro: de lo que hagamos hoy en materia de tecnologías de la información depende el futuro de Chile y la construcción de un país desarrollado y equitativo.

* Este artículo fue originalmente publicado en “El Mercurio” de Chile:

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