Publicado el 22-02-2021
Murilo Menezes
General Manager, Latin America, Juvo

Servicios financieros digitales como motor para la recuperación

Este artículo de Murilo Menezes (General Manager, Latin America, Juvo), fue publicado en la Revista de ASIET: Telecomunicaciones de América Latina. Descarga la Revista completa aquí.

De acuerdo con cifras del Banco Mundial, aproximadamente 1.700 millones de adultos se encuentran desbancarizados. Eso quiere decir que están fuera de la economía formal. Existe además una importante porción de población que tiene acceso a algún servicio bancario básico, pero insuficiente para acceder a servicios financieros, como por ejemplo créditos; los llamados sub-bancarizados. Muchas de estas personas, sin embargo, tienen capacidad de pago y podrían beneficiarse de acceder a créditos. Pero por no poder demostrar su solvencia, se ven obligados a recurrir a fuentes informales de dinero, en peores condiciones y con mayor limitación. A su vez, muchas empresas tendrían un mercado potencial mayor, si estas personas pudieran acceder a créditos. El problema es que no sabemos quiénes son.

Esto ya era un problema en sí mismo para esa parte de la población antes del surgimiento de la pandemia global. Con el COVID-19, la situación empeoró notablemente –para todos, y especialmente para ellos, los más vulnerables—. Además de la emergencia sanitaria y social, la pandemia y las medidas para combatirla han afectado notablemente el desempeño económico, con mayor incidencia en las pequeñas empresas, comerciantes independientes, emprendedores y trabajadores informales.

Antes de la pandemia, América Latina había crecido 0,1% en 2019, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas. Ya en julio pasado, CEPAL advirtió que producto interno bruto (PIB) de la región caerá un 9,1% en 2020. Este escenario se presenta aún más sombrío para las personas y las organizaciones más vulnerables.

Antes de la pandemia, abrir el acceso a los servicios bancarizados ya era de por sí una oportunidad grande. Ahora no estamos hablando sólo de expandir los negocios, sino también de dar oportunidades y contribuir a la sociedad y a la recuperación económica

En el marco de la crisis por el COVID-19, las telecomunicaciones han jugado un papel determinante para ayudar a la humanidad a sobrellevar y combatir el desastre. Han permitido readecuar las diversas actividades humanas como y proveer soluciones para el trabajo, la educación y hasta el relacionamiento social. La digitalización ha permitido sustituir en muchos casos, o al menos disminuir el contacto presencial, ayudando a evitar contagios. Las aplicaciones de rastreo, control e informativas han dado herramientas para monitorear y reducir el avance del virus. Y puede que digitalización y las telecomunicaciones también tengan la llave para contribuir a la recuperación económica para los sectores más desfavorecidos.

Existen en la actualidad mucha información y datos no aprovechados que podrían emplearse para construir identidades financieras. De esa forma, podría saberse quiénes son esos desconocidos que son solventes y que podrían ser parte del sistema, participando de la actividad económica y contribuyendo así a su recuperación.

Muchos de estos datos, además, están en poder de los operadores de telecomunicaciones. Con las herramientas adecuadas, éstos podrían aprovechar su posición para desbloquear el acceso a servicios financieros a estas personas, aportando así a incentivar el acceso al crédito, el consumo y, en definitiva, al movimiento de la actividad económica.

Antes de la pandemia, abrir el acceso a los servicios bancarizados ya era de por sí una oportunidad grande. Ahora no estamos hablando sólo de expandir los negocios, sino también de dar oportunidades y contribuir a la sociedad y a la recuperación económica motorizando alternativas para quienes hoy no encuentran su lugar en el sistema financiero, e incluso, ayudar a cambiar vidas.