freunde sitzen auf dem sofa und schauen fernsehen

Esta entrevista a Jeferson Fued Nacif, Director de Relaciones Institucionales de Sky Brasil, fue originalmente publicada en portugués en la Revista Digital: Telecomunicaciones de América Latina. Puedes descargar la revista completa aquí

 

Los servicios de televisión y el consumo de contenidos audiovisuales están cambiando en virtud de los gustos y preferencias de los usuarios. ¿Qué tendencias se destacan en el mercado brasileño?

El mercado brasileño sigue la tendencia global de migración constante de usuarios de la televisión de pago tradicional, por cable o satélite, a nuevas formas de entretenimiento digital basadas en el acceso a internet, como las plataformas de streaming. Brasil tiene alrededor de 80 plataformas de streaming y el número de usuarios de estos servicios seguirá creciendo, sobre todo con la entrada de competidores fuertes en el mercado, como HBOMax. Aun así, es necesario reconocer que Brasil es un país extremadamente diverso y complejo, tanto en su geografía como en su economía y sociedad.

De esta manera, aunque la TV de pago tradicional tenga menos clientes, aún quedan espacios por explorar, como en el interior de Brasil, donde solo se puede utilizar este servicio vía satélite y donde vemos claramente la migración de usuarios de la Banda C (antenas parabólicas) a la Banda Ku (TV Satelital) como resultado del proceso de adopción de las redes 5G. Para ello, será necesario que todos los operadores de televisión de pago innoven mucho, que redefinan algunos conceptos, presenten nuevos productos y servicios, satisfagan de forma excelente a los clientes y ofrezcan precios acordes con el nuevo escenario económico.

Mientras que los servicios están cambiando, la regulación no cambia a la misma velocidad. La experiencia brasileña avanza hacia una adecuación de la normativa que guía los servicios de TV, ¿qué necesidades regulatorias son una prioridad para usted?

Creo que hay que replantear todo el marco regulatorio que guía la TV de pago, desde la Ley del Servicio de Acceso Condicional (SeAC) hasta la normativa de Anatel y Ancine que cubren el servicio. La ley necesita una revisión para satisfacer un contexto completamente distinto al que la motivó hace diez años. En ese momento, el número de suscriptores de la televisión de pago era pequeño y los medios alternativos para acceder al contenido apenas comenzaban a crecer. Había un cuello de botella en el mercado causado por la naturaleza de los servicios de radiodifusión y TV de pago basados ​​en el espectro y la infraestructura física.

Actualmente, estos cuellos de botella ya no son una realidad y lo que se observa es el incremento del número empresas que ofrecen distintos contenidos de múltiples maneras, haciendo del mercado brasileño uno de los más competitivos del mundo. Por lo tanto, es necesario ajustar la normativa para que se permita que la televisión de pago coexista de igual a igual con otras empresas que ofrecen el mismo servicio pero a través de internet, que está mucho menos regulado. q

¿Qué mejoras se pueden realizar en el futuro para promover una competencia más sana y mejores servicios para los usuarios?

Podemos empezar revisando las regulaciones que imponen demasiadas obligaciones a los operadores. Un ejemplo: el servicio al cliente no debe ser realizado en persona las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Los clientes brasileños han preferido acceder a los SAC (servicios de atención al cliente) de formas distintas a las llamadas telefónicas tradicionales, sino a través de chatbot, WhatsApp y sitio web.

Un cambio en esta exigencia reglamentaria ya generaría enormes ahorros para las empresas, que podrían usar estos recursos invirtiendo en redes y contenido para los clientes. Por supuesto, todos los cambios deben ser ampliamente discutidos en nuestra sociedad, pero hay que rediseñarlos, bajo pena de intensificar el escenario de la TV de pago por la inercia del sector y de los agentes públicos.

El fenómeno de la piratería de contenidos audiovisuales es un problema que afecta tanto a los operadores de televisión de pago como a los distribuidores de contenidos, a los programadores y a toda la cadena de valor del sector. ¿Cómo usted ve este problema que dificulta el desarrollo del sector, pone fin a puestos de trabajo y reduce la recaudación de impuestos? ¿Qué acciones se pueden tomar para combatirlo?

La modernización regulatoria es muy importante para la industria, la competencia con las plataformas de streaming impulsa la innovación y mueve a las empresas hacia mejores servicios, pero es la piratería lo que erosiona nuestro negocio. Según los cálculos de Ancine, las pérdidas anuales por piratería se estiman en R$ 9,7 mil millones para el mercado de TV de pago, R$ 3,9 mil millones para el segmento de películas y series y R$ 2 mil millones en ingresos fiscales. En el sector de PayTV, las pérdidas se han incrementado entre R$ 700 millones y R$ 800 millones cada año. Lamentablemente, los brasileños se encuentran entre los mayores consumidores de piratería audiovisual solo después de Estados Unidos y Rusia.

Las cajas de televisión (o decodificadores), cuyas aplicaciones piratean la señal de transmisión, y las versiones no autorizadas de IPTV, que unen sitios web y listas de enlaces pirateados, son responsables de un volumen de piratería en Brasil que perjudica a toda la economía, e incluso a sus propios usuarios, puesto que dicho equipo puede transportar malware y, por lo tanto, puede comprometer la seguridad cibernética de las redes y impulsar el fraude bancario y otras actividades ilegales, como el robo de datos, fotos, mensajes, etc.

Según la ABTA, se estima que más de 5 millones de piratas están activos en Brasil. Y, según una encuesta realizada por Mobile Time/Opinion Box, en marzo, alrededor de 33 millones de personas en el país, o el 27,2% de los internautas mayores de 16 años, consumen contenidos de televisión de pago a través de uno o más medios ilícitos. De continuar con esta situación, se calcula que en los próximos años las empresas del sector cerrarán hasta 150 mil puestos de trabajo. Para frenar esta práctica nociva, necesitamos seguir con las acciones para combatir los productos ilícitos, reformar nuestro marco legal, poniendo en claro que la piratería de señales y contenidos es un delito, y también reforzar las campañas de concienciación pública.