Publicado el 16-12-2020
John Molina Núñez
Gerente de Transformación Tecnológica, Instituto Costarricense de Electricidad

La digitalización determina la resiliencia de las organizaciones modernas

Este artículo de John Molina Núñez , Gerente de Transformación Tecnológica Instituto Costarricense de Electricidad, fue publicado originalmente en la Revista de ASIET: Telecomunicaciones de América Latina. Descarga la Revista completa aquí.

La pandemia provocada por el COVID-19 es uno de los eventos más graves que la humanidad ha conocido en el último siglo, y quizás aún, no hemos padecido todos sus efectos. Todavía estamos conociendo el virus y buscando formas efectivas de enfrentarlo. Lejos de una visión trágica, lo que le corresponde a las instituciones y las empresas es tomar medidas que aseguren su futuro y su sostenibilidad.

Una de las lecciones valiosas que nos han dejado estos meses es que debemos tomar acciones más prontas en el campo de la digitalización. Si bien antes de la pandemia existía consenso sobre la relevancia de la carrera tecnológica para las organizaciones, la crisis la evidenció más. Nunca, como hoy, ha sido tan importante el acceso y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación para brindar servicios y asegurar el buen funcionamiento de las empresas.

En el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) somos conscientes de esto. Por ello buscamos comprender mejor el contexto en que estamos inmersos para implementar una transformación tecnológica en nuestro ecosistema. Estudiamos la realidad global junto al entorno inmediato y los posibles escenarios para que, mediante la digitalización, garanticemos la continuidad y la evolución de nuestra organización.

Nuestros negocios –Electricidad y Telecomunicaciones– están apalancados a una digitalización creciente, en respuesta a necesidades y tendencias de los clientes. El futuro de nuestro trabajo conlleva decisiones rápidas e inteligentes, rumbo a la fusión entre las inteligencias humana y artificial, las formaciones horizontales, la big y la thick data, el aseguramiento de la cadena de suministros, el teletrabajo como estándar, el nuevo liderazgo y el talento tecnológico.

En este acontecer existen al menos cinco áreas que valoramos en el ICE, y que otras instituciones pueden considerar como medida de resiliencia ante la pandemia:

  • El cuido de las personas. La cercanía a la fuerza de trabajo es una condición a sostener para toda organización responsable. La fatiga, el agotamiento, los riesgos laborales remotos, el confinamiento, el estrés, el balance laboral y el familiar, junto con las compensaciones, son elementos claves a tomar en cuenta para la recuperación posterior a la pandemia.
  • Los lugares de trabajo. La reconfiguración de los espacios físicos llegó para quedarse en acople con la virtualidad: sitios para reuniones, terminales de trabajo, automatización de procesos y controladores de voz o reducción de zonas comunes. El desafío será alcanzar el balance entre lo presencial y lo virtual, lo individual y lo colectivo.
  • El avance acelerado e indetenible de la tecnología. La automatización, la analítica y la nube nos presentarán retos importantes a todos los niveles. Viajamos desde la “reacción y respuesta” al cliente, pasamos por la optimización de costes, el análisis de cargas laborales y familiares y llegamos hasta la continuidad de los negocios y las alianzas con socios y proveedores para “navegar” en océanos azules. En todos los estratos, es necesario redefinir la transformación tecnológica al lado de la inteligencia artificial y la incorporación total del cliente.
  • El cambio y la continuidad en los procesos. Los negocios digitales deben poseer onmicanales, cuyos brazos tecnológico y humano mantengan una comunicación 24/7. Para esto, conocer todo del cliente modelará patrones y tendencias, y permitirá actuar con base en data y menor entropía.
  • Finalmente: la transformación de la cadena de valor. La cadena de suministro debe contar con una red de fabricación diversa; además, operar con varias opciones de proveedores –como estrategia de ahorro–, y tener presencia en el lugar y el momento precisos, con costos bajos y capacidad de respuesta. A esto debe sumarse el empleo de un lenguaje tecnológico común, la convivencia en el mismo ecosistema y la disponibilidad de memorias de inventarios y capacidades.

Estas cinco áreas deben considerar acciones inmediatas, pues son espacios que podrían determinar la sobrevivencia de una institución o una empresa.

Tenemos que seguir impulsando la adaptación y la transformación digital; así podremos garantizar el avance tecnológico, el desarrollo humano y el crecimiento económico justo que merecen las sociedades democráticas.

Si no es ahora, ¿cuándo? Es momento para que nuestras sociedades se adapten a la virtualidad. ¡Aprovechemos la oportunidad!